La nueva sociedad de la información y del conocimiento tiene su fundamente en el acceso a la información, la tecnología ha servido la posibilidad en bandeja de plata y ahora más que nunca en este sentido querer es poder, entonces, las barreras son otras, son culturales, legales, sociales, económicas, etc.

Sorprendentemente un Editorial de El Tiempo, culpó al sistema de derechos de autor de ser ‘la principal barrera’ en el acceso masivo de la población a la informacion. Según el editorial el derecho de autor representa un costo que debe trasladar el intermediario al público para dar a conocer una obra de un autor. Este influyente medio de comunicación hace esta afirmación dentro de su argumentación para apoyar proyectos locales de difusión de información y para promover el acceso libre a las obras que se produzcan con fondos públicos.

Las ideas que apoya El Tiempo son interesante sin embargo me gustaría plantear una serie de elementos de juicio sobre su argumentación.

En la actualidad la misma problemática que plantea el editorial se puede presentar de otra forma que es mejor: existe un público, unas industrias y unos artistas que se benefician con el esquema actual y que, sobre todo por los artistas que consiguen ese éxito o para los proyectos que se benefician de importantes recursos para su difusión, no tienen que desaparecer. Lo que sí es importante e inaplazable, es resaltar la existencia de alternativas legales que permiten a muchos artistas publicar, distribuir y darse a conocer, e incluso acceder, como cualquier otra persona, a grandes volúmenes de información que luego transforman, aprehenden, aprovechan, etc. Este ha sido el gran logro de los desarrollos de la LibreCultura, el software libre, las licencias Copyleft, Creative Commons, ArtLibre, son todas manifestaciones de un nuevo derecho de autor

Existen muchos creadores que no tienen acceso a los mecanismos de distribución típicos de la industria cultural (por que no todos cuentan con esa suerte), o a las obras que han dejado de circular (por que no hay un interés económico detrás de su distribución, o por que han quedado olvidadas en un único ejemplar dentro de un estante de una biblioteca por ejemplo). Hay muchas obras que, como menciona el texto de El Tiempo, debido a su financiamiento y origen tienen una vocación particularmente pública que las obliga a considerar otros aspectos más allá de los comerciales, etc.

De otra parte, existe un público que puede y debe aprovechar las nuevas tecnologías para acceder a grandes cantidades de información (no en vano es esa la base de la riqueza en la nueva era) por que ese acceso tiene beneficios comprobados para el país en términos de desarrollo, de identidad cultural, económicos, etc., (dejemos de lado por ahora la forma como se aprovecha el acceso). Todos estos escenarios y otros muchos tienen un común denominador, hoy no hay en la practica barreras técnicas que eviten el acceso y frente a algunas barreras legales, del modelo que por décadas ha dibujado la ley, hay opciones jurídicas que permiten el acceso a la información, falta es mas voluntad.

En este sentido las iniciativas herederas del Software Libre que se vienen ocupando de los contenidos han avanzado mucho, tenemos ya opciones como las que ofrece Creative Commos que permiten conciliar intereses afectados por el modelo único legal que deja por fuera posibilidades que la sociedad ofrece, el autor puede elegir una licencia en la que modifica la barrera legal para privilegiar el acceso público de la obra.

Para finalizar mis comentarios a esta Editorial quiero aportar a los dos temas que toca el texto:

1. La Propuesta concreta del Editorial: “Por regla general, todo libro que se publique con apoyo de recursos estatales debería ponerse gratuitamente en la red, aunque sea uno o dos años después de su edición original”.
Quiero dar a conocer una iniciativa similar que avanza (no sin muchas dificultades) en Italia con el apoyo de Creative Commos: Proyecto Scarichiamoli . Creo que para pulir la propuesta se puede revisar, aprender, discutir para proceder.

2. La construcción de información y contenidos locales. El Editorial ofrece ejemplos a escala local que ilustran ventajas de proyectos internacionales como el ya otras veces mencionado Google Print, en este sentido dice: “La Luis Ángel Arango tiene unos 400 libros para consulta gratuita en la red, además de unos 1.000 artículos de revistas académicas, entre ellos los de la revista Credencial Historia completa. En la página del Banco de la República están todas las leyes y decretos desde la Constitución de 1991 a hoy. Existe también la Biblioteca Digital Antioqueña, establecida por la Biblioteca Pública Piloto y la Universidad de Antioquia; y algunos empresarios privados, como los de Epígrafe, ofrecen libros electrónicos sin costo. En una decisión excepcional, Villegas Editores ha publicado en la red más de 150 libros con todas sus imágenes. Ninguna otra editorial importante del mundo, que sepamos, ha dado este audaz paso de permitir que todos lean gratis lo que venden las librerías”..

Los ejemplos resaltan la necesidad de construir fondos de información y contenidos locales, efectivamente, la nueva sociedad de la información es también la sociedad de los significados, de nosotros, de nuestro Estado depende construirlos con nuestros propios contextos culturales no dejarlo a lo que hagan otros fuera de ese contexto (otro idioma, otra cultura, otra realidad, etc.). Otra iniciativa a la que me uno y lo hago recordando que hay mucha información allá afuera que no tiene la barrera del Derecho de Autor, que es de dominio público y que puede ser puesta a disposición de todos ya.

LA ŇAPA: Sugiero una idea deliciosa para la construcción de nuestros significados en nuestro contexto cultural: el cine! Ya es posible tecnológicamente iniciar una base de datos local con películas colombianas de dominio público, anímense! o ya existe?. Les dejo el link a la que existe en EU para que se antojen!