Cory Doctorow es uno de mis héroes, me encanta como escribe, me gusta como arma sus argumentos y normalmente estoy de acuerdo con las peleas que caza. En su última columna de The Guardian llama la atención sobre la necesidad de que el régimen jurídico distinga entre los usos comerciales y los culturales, una diferencia que a veces me parece que en el marco de quienes seguimos el tema de las licencias Creative Commons discutimos cuando tratamos de hablar de “usos no comerciales”… pero que decididamente toman otra dimensión cuando pensamos en “usos culturales”. Coincidencialmente, he estado inmersa en este tema últimamente.

En fin, su columna explica la situación con ejemplos sencillos para concluir con una invitación:

“Debemos tratar de evitar el hacer coincidir de manera forzada los usos culturales en los pequeños resquicios del derecho de autor, tales como “fair dealing” y “fair use” (en países como Colombia equivale a la idea de “excepciones”). En cambio debemos establecer un nuevo régimen de derecho de autor que refleje el viejo consenso normativo sobre lo que es justo y lo que no lo es en pequeña escala, el fin del copiado mano a mano, la exhibición, la representación y la adaptación.

Un grupo de gente diferente y muy sensible está haciendo precisamente eso: El tratado de Acceso al Conocimiento (A2K) es una propuesta de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) para establecer los derechos y responsabilidades de activistas, educadores, y las personas que proveen acceso a la información para los usuarios discapacitados.

El grupo que trabaja la propuesta –que es abierto al público en general- incluye a los representantes de los grupos de creadores (es decir, nadie de las corporaciones que compran los trabajos de los creadores se ha involucrado), grupos de derechos para discapacitados, organismos de estándares técnicos, grupos de derechos civiles, incluso grupos de derechos médicos como Médicos sin Fronteras.

A2K esta en la cima de la agenda de la OMPI. Es el primer aliento de sanidad en el debate del derecho de autor. Esperemos que no sea el último.”

Hablando de equilibrios, también les aconsejo ver el recuento que hace William New en Intellectual Property Watch sobre la conferencia Midem que se llevó a cabo en Cannes entre la gente de la industria musical. A este auditorio se dirigió Lawrence Lessig quien les recordó que “no hay manera de que puedan acabar con estas tecnologías, sólo podemos criminalizar su uso” y sentenció: “La industria musical debe cambiar, encontrar un nuevo balance de intereses”.