Archive for diciembre, 2009

Published by carobotero on 06 dic 2009

Potel sobreseído!

Aunque es una noticia vieja, tengo que comentarles como al final la justicia argentina ha sobreseído el caso de Horacio Potel.

Ya les había contado como el profesor de filosofía argentino Potel arriesgaba prisión por mantener sitios web sin ánimo de lucro en los que se reproducían obras de Derrida y Heidegger. Mariano y Beatriz Busaniche contaron ya hace como 2 semanas como el juez, a petición del fiscal del caso!, ha sobreseído la causa contra el profesor y reproducen un aparte de la sentencia que resulta particularmente interesante:

“si bien el comportamiento desplegado por el encartado puede subsumirse sin dificultad dentro de una figura penal – defraudación por reproducción de obras publicadas sin autorización de su autor o derechohabientes – la misma, a su entender, no ha ocasionado un real agravio al bien jurídico protegido por la norma, toda vez que no toda afectación mínima es capaz de alcanzar esos extremos” y agrega que “si bien reconoce ambas teorías respecto al bien jurídico protegido específicamente por los tipos penales descriptos en la ley 11723 – es decir si es tomado como un tipo especial de defraudación sería la propiedad del sujeto pasivo si es tomado como un delito “sui generis” el mismo tutelaría el derecho moral del autor – entiende que la insignificante afectación que podría resultar al patrimonio del titular de la obra no habilita al severo reproche de esta justicia represiva.”

No me sorprendería si en el país austral como en Colombia hace año y medio hayan salido a protestar esta sentencia por considerar que se trata de un “error de interpetación”. Lo cierto es que se van reproduciendo por el planeta y cada vez más en nuestra región los fallos en que el juez penal considera que “sin ánimo de lucro” no hay delito cuando se refieren a lo que popularmente se llama “piratería”.

Published by carobotero on 06 dic 2009

A caballo regalado no se le mira colmillo, ¿de verdad?

En semana.com nos ofrecen una entrevista con la ministra de cultura “las bibliotecas tienen el futuro asegurado” donde ella explica la nueva ley de bibliotecas.

A la pregunta de ¿qué papel puede tener la empresa privada? la respuesta de la ministra es “La Ley eleva a exención tributaria los recursos que inviertan los ciudadanos privados en la red de bibliotecas públicas. Esa es tan buena noticia como la que nos acaba de dar Microsoft, que nos va a donar todos los programas y las licencias de los computadores para las bibliotecas“.

Me gusta el software libre, pero también uso software privativo, creo en las bondades del software libre, pero no soy ciega a sus debilidades… y por tanto con la sensibilidad que tengo en ese sentido creo que es necesario plantear la necesidad de revisar o al menos equilibrar la aceptación sin más de una donación que implica una selección de tecnología determinada. Esta no es una opción que se toma a la ligera, creo que estas afirmaciones deben revisarse con un poco de cautela. Las donaciones son interesantes y siempre es bueno involucrar a la empresa privada en las inicitivas culturales, pero también es obligación del Estado velar por el interés público en sus iniciativas de formación.

Teemu Leinonen en la conferencia central hace casi dos años del conversatorio sobre educación móvil, que organizó la Fundación Karisma con la Universidad Nacional de Colombia, mencionaba que durante una visita del mandatario Fines a EEUU, Microsoft ofreció donar al sistema educativo de Finlandia un número de tableros digitales y que a pesar de lo tentadora de la oferta el gobierno la había rechazado y aunque esa podía ser la posición de un país rico que “puede darse el lujo” de hacerlo, explicaba Teemu que la razón podía ser más profunda, tenía que ver con la autonomía y con la capacidad de apropiación tecnológica de los jóvenes que finalmente se relacionaba con la competitividad del país. De acuerdo con Teemu Finlandia había conseguido una posición importante en el panorama educativo mundial por lo que era evidente que a Microsoft le interesaba ver sus productos allí, pero, indicó que para el estado Finlandés precisamente se había llegado a esa posición por cuenta de las decisiones que se tomaron y una de ellas era las opciones tecnológicas que prepararon un camino amplio para sus estudiantes.

La situación de Colombia está lejos de ser la de Finlandia y por tanto es complicado plantear rechazar una donación sin más, sin embargo, ¿no vale la pena acaso pensar en el contexto general?, ¿cuáles son las condiciones de la donación?, ¿cuál es su impacto a futuro en costos de las licencias una vez finalizada la donación?, ¿qué tecnología es la que están donando?, ¿realmente podemos apostar a una sola tecnología?. Es muy posible que la solución no sea blanco o negro, sino un gris con matices, pero, en todo caso si es necesario superar la simple euforia del regalo y pasar al análisis más detallado de sus efectos, consecuencias e impactos futuros, ¿podemos hacerlo?

Published by carobotero on 02 dic 2009

Pensando en Procomún

Durante el seminario Accceso, organizado por CIENTEC, San José de Costa Rica del 11 al 13 de noviembre de 2009, además del gran tiempo que pasamos, de reencontrar viejos amigos (como Claudio) y de apoyar al capítulo local que se prepara para lanzar las licencias Creative Commons en ese país centro americano, conocí a un profesor español de la UNED: Jordi Claramonte, con quien conectamos varios de los temas que venimos trabajando.

En esa ruta hemos comenzado a montar unos textos para pensar conjuntamente el tema del “procomún” que los dos trabajamos cada uno desde su óptica (conceptual él y jurídica yo) y concentrándonos en comunidades tradicionales y populares. El texto es todavia un borrador pero puede ser interesante para pensar y repensar ideas. Aca va!

Licencias para vivir: Procomún, conocimiento, sensibilidad.

From bitter searching of the heart,
Quickened with passion and with pain
We rise to play a greater part.
This is the faith from which we start:
Men shall know commonwealth again
(Leonard Cohen, Villanelle for our time)

Resumen:
Como parte del proceso de investigación en torno a las problemáticas y potencias del procomún, en que ambos andamos implicados, nos hemos propuesto indagar en torno a la cuestión de cómo concebir, tratar y eventualmente fortalecer la creatividad específica de las comunidades indígenas, rurales y populares urbanas.

El marco jurídico vigente tiende no sólo a ignorar esos marcos de producción de conocimiento y sensibilidad, sino a preparar el terreno conceptual y jurídicamente para extrañar, expoliar y rentabilizar al margen de las comunidades ese conocimiento y esa sensibilidad. Nuestro trabajo por tanto tendrá una doble vertiente, conceptual y jurídica, desde las que analizaremos criíticarmente las ideas vigentes en ese marco legal y desde las que propondremos dispositivos que finalmente recuperen y refuercen la autonomía de las comunidades.

Algunas definiciones que urge revisar

Una aproximación crítica al régimen propietario que regula la construcción, circulación y acceso de productos intelectuales para abordarlo desde las comunidades indígenas, rurales y populares urbanas nos obliga a empezar señalando algunos de los conceptos en los que se apoya la argumentación jurídica vigente y que no contribuyen precisamente a darle cabida a contextos de producción de conocimiento y sensibilidad diferentes de los hegemónicos, estos conceptos, que han sido los tres puntales del derecho propietario, son las nociones de autor, obra y materialización.

El derecho propietario tiene que apoyarse en una noción sumamente infatuada de la figura del autor que hace de éste una especie de principio de creación inmotivada. El autor crea -como dios mismamente- de la nada. Puede inspirarse en materiales o ideas existentes, pero dicha inspiración no le quita el más mínimo boato metafísico a su acto de creación soberana que se manifiesta en su Obra. El peso de la argumentación pasa pues del autor a la Obra.

Curiosamente la mayoría de las legislaciones no proporcionan una definición de la obra, que dicen proteger, pero podríamos asumir que por tal cosa se suele entender por la objetivación acabada y cerrada en la que se manifiesta el genio del autor. Para que una obra sea tal debe, por tanto, haberse materializado.

La materialización es el conjunto de procesos mediante los cuales se fija la obra, se estabiliza y se hace identificable, es decir, comercializable, el genio del autor.

No hay ninguno de estos elementos que esté, en absoluto, exento de problemas. De hecho tanto la historia del arte más reciente, como prácticamente todo el pensamiento estético han cuestionado por completo la vigencia de esas nociones, tan decimonónicas ellas, de autor, obra y materialización. En cualquier caso no vendrá mal que demos un repaso a los modos en que semejantes nociones podrían aún manejarse sin perder del todo la dignidad.

En ese sentido, sería sensato repensar la noción de autor en la linea que su etimología misma sugiere. Autor proviene del latín “augere” que significa “aumentar”: el autor, por tanto, siempre ha sido -y no podía ser otra cosa- aquel que tomaba y aumentaba algo, “algo” que fundamentalmente ya estaba ahí. Esa es la comprensión que del autor se tiene en la mayoría de las culturas estéticas, concibiéndolo como alguien especialmente ducho en reelaborar los procomunes de formas existentes…

La obra de este autor es ese “algo” hecho y siempre por hacer, como el lenguaje o los rítmos musicales. La obra pierede peso puesto que no puede sino ser más que un momento concreto de la reelaboración constante del repertorio de formas y posibilidades comunes, y que sólo siendo comunes, precisamente, pueden aspirar a tener una mínima posibildad de ser relevantes social e incluso antropológicamente. Pero no sólo las formas, los repertorios de formas de los que sale la obra son un procomún. También lo son los procesos de transformación, producción y recepción creativa de esa obra.

Por eso el proceso de materialización que constituye la obra, lejos de ser una especie de oscuro proceso alquímico, es un proceso abierto y multidireccional de aplicación de competencias, de unas competencias que constituyen un procomún que debe ser vindicado como tal para que la creatividad no se convierta en una especie de cansina horticultura de la excepción, sino en una potencia instituyente de cualquier comunidad.

Estos tres elementos contribuyen a asentar la pieza central en la construcción del aparato jurídico que ha legitimado el expolio sistemático del conocimiento y la sensibilidad del procomún. Esta ha sido la noción de “originalidad”: la construcción del derecho de autor se ha desarrollado ideológicamente inflacionando el postulado de la originalidad y contraponiéndolo a una noción de copia mecánica y servil. El difícilmente sostenible dualismo entre original y copia se ha utilizado para deslegitimar las formas más orgánicas y evidentes de “creación” basadas siempre en la re-elaboración individual y acumulativa de repertorios comunes.

Intimamente ligado al concepto de originalidad, el aparato jurídico propietario ha designado como “obra derivada” a cualquier reelaboración de un elemento repertorial, negándole originalidad y por tanto derecho a surgir autónomamente. La existencia misma de una obra reeleborada depende de la autorización del autor de la obra “original”. Para la ley una obra tiene su protección autónoma cuando es “original” cuando pese a haberse inspirado en una idea anterior, su autor es capaz de argumentar que ha producido una reelaboración repertorial tan amplia, y tan soberbia, que ha generado una “nueva obra” desvinculada ya de los repertorios comunes, si se trata de una obra derivada se necesita el permiso del autor original para que la nueva obra surja. Lo que esto nos deja ver es que el sistema jurídico y económico le niega sistemáticamente toda consideración y todo respeto tanto a los repertorios de formas que constituyen el procomún sensible y cognitivo de cualquier comunidad, como a los procesos orgánicos de creación y producción de conocimiento basados en una elaboración no necesariamente soberbia de esos repertorios a partir de competencias comunes.

Cuando los repertorios se traman con las competencias se da lugar a lo que llamamos un “modo de relación” y que no es sino una distribución, una posibilidad de la sensibilidad y el deseo, de la comunidad en suma.

Con esta redefinición, que podríamos llamar “modal”, de los procesos creativos se desplaza el centro de gravedad del sujeto como supuesto creador absoluto a las comunidades de lenguaje, las comunidades definidas por compartir un procomún hecho de repertorios de formas y competencias para hacerlas derivar.

Hasta ahora -al menos en términos de productividad estética- las comunidades modales han sido o saqueadas por el “individuo” creador, o aplastadas por la intervención del estado.

Creemos que ha llegado el momento de desarrollar tanto una teoría de la sensibilidad y la creación que tome como base las comunidades modales, como un cuerpo de dispositivos jurídicos e institucionales que le dé plena protección y reconocimiento a las mismas.

El objeto de desarrollar ambas cosas no es sino el de dotar a las comunidades tanto de herramientas de percepción y legitimación de aquello que hacen, como de herramientas jurídicas que prevengan y eviten el expolio cultural, artístico y cognitivo. El objeto final es aumentar la autonomía de las comunidades.
….

Una idea de trabajo entre lo conceptual y lo jurídico.

Las leyes propietarias diferencian entre un ámbito de ideas extremadamente generales -que no son susceptibles de protección y forman parte del dominio público- y el ámbito de las obras que “llevan la impronta de la personalidad creadora de su autor” y que se han materializado convenientemente. Con ello se salta procesos de reelaboración colectiva de repertorios, procesos que el derecho propiertario ignora y menosprecia, como paso previo a su expolio.

De ahí la relevancia de clarificar las posiciones en un frente de lucha conceptual. La noción de obra original es una clara impostación de un injustificable cariz metafísico. Si como decía Eugenio D’Ors todo es tradición o plaggio, de lo que se trata ahora es de construir conceptualmente una noción de la creatividad basada en tradiciones, basada en repertorios procomunes que no sea sérvil ni de grado menor. Toda creatividad debe, forzosamente, basarse en un sustrato lingüístico común, en un procomún formal, un repertorio que no puede sino actualizarse en cada reformulación, en cada recepción.

Toda obra es entonces y necesariamente, derivada y si hay algo que deba protegerse seguramente sean los repertorios de saberes y sensibilidades que organizan el procomún estético de una comunidad dada y los procesos competenciales mediante los cuales los miembros de esa comunidad son susceptibles de apropiarse creativa y críticamente de ese repertorio actualizándolo y eventual y muy lentamente haciéndolo evolucionar.

El sistema jurídico existente intenta conjurar la distancia, la alteridad, que plantean esas otras formas de construcción de sensibilidad y conocimientos, asignándolos al dominio público o más recientemente al patrimonio cultural, pero estas construcciones no dejan de estar viciadas de la misma construcción ideológica. Tanto es así que el dominio público, demasiado a menudo ha mostrado ser tan sólo una suerte de repositorio, un coto de caza a disposición del autor individual y dotado de capital, el dominio publico puede presentarse como la otra cara de la moneda, pero sigue siendo la moneda con la que se construye y se hace valer el autor-rapaz del capital. Mientras de otro lado en la práctica la idea en curso de “Patrimonio Cultural Inmaterial” ha demostrado ser bastante ineficaz como herramienta para promover la autonomía de las comunidades, revelándose más bien como un instrumento más del ámbito del dominio público que, por lo general, ha tenido el efecto perverso de convertir en falsamente público, es decir en poner a libre disposición del mercado y de los poderosos, lo que era patrimonio colectivo, lo que era procomún.

Hay que pensar en definir las comunidades en función de los procomunes que comparten y se puede proponer hacer efectiva la vigencia de esos procomunes mediante un dispositivo de archivo y gestión constituido legalmente y vinculado a la comunidad mediante protocolos, soft laws y una suerte de derechos morales claramente establecidos.

Como parte del proyecto de construcción de autonomía de las comunidades tenemos que construir un cuerpo teórico que nos permita pensar de frente y desde dentro la producción de conocimientos y sensibilidades por parte de esas mismas comunidades. El mismo esfuerzo debe llevarnos a pensar dispositivos jurídicos que las protejan y refuercen, así como dispositivos de mediación que eventualemte puedan interactuar con el mercado cognitivo del capitalismo 2.0 que puede incluso aprovechar algunos de los elementos y desarrollos que con relativo éxito se han incrustado en el propio sistema para modificar su alcance, nos referimos al desarrollo que durante las últimas décadas han tenido las llamadas “licencias libres o abiertas” del software libre, creative commons, etc. Estos dispositivos usan un sistema jurídico alternativo soportado en la voluntad de las personas y provoca un resultado general y público que puede ser exigido legalmente. El sistema puede ser analizado y filtrado para aprovechar de él lo que pueda ser cooptado en nuestro propio interés.

Pensamos en concreto en el desarrollo de un dispositivo de doble cara, un dispositivo que muestre dos ordenes de acoplamiento: uno instituido y fijado en licencias y marcos jurídicos que regule la relación de las comunidades con el mercado… otro instituyente y que habrá que imaginar en cada caso para que cada comunidad haga valer sus derechos morales, no ante el mercado o el estado sino ante su archivero-mediador al que hay que dejarle claro lo que la comunidad va queriendo.

Para mejor entender a qué nos referimos con esto de un dispositivo de doble cara, podemos remitirnos a lo que nos encontramos en el dominio de la ingeniería bioclimática cuando hay que construir una casa que sea habitable y sostenible en un medio extremadamente agresivo o con cambios extremos de temperaturas. En esos casos se puede recurrir a soluciones como las “fachadas ventiladas”. Una fachada ventilada consiste en añadir al muro de la casa en cuestión una piel exterior que reciba el primer impacto de la temperatura exterior. Si ahí afuera hace mucho calor, una piel exterior metálica se calentará extraordinariamente, si entre esa piel de metal y el muro de la casa dejamos una cámara ventilada, el efecto que se produce es el de generar una corriente continua de aire entre ambas partes de la fachada, la piel de metal y el muro de la casa. De este modo, cuanto más calor hace fuera más fresquito se está dentro y con un consumo cero de energía.

En eso pensamos cuando hablamos de un dispositivo de dos caras. Tenemos que pensar de qué manera aprovechamos el calor atorrante que genera la codicia corporativa y cognitiva del capital para conseguir, sin el mínimo desgaste, estar fresquitos en nuestra comunidad.

En eso queremos pensar.

…..

Carolina Botero y Jordi Claramonte en procomún.

Por cierto, estamos pensando también en un taller para buscar aplicar esto… mucho pensar!