Sigamos diciendo #CompartirNoEsDelito

 

[24 de julio de 2014]

Estimados todos,

En primer lugar quiero agradecer todas las muestras de apoyo y buenos ánimos de amigos, colegas y de todos aquellos que se sienten identificados o representados con la situación por la que estoy atravesando. También agradezco a quienes han sacado tiempo de sus vidas para formular críticas y comentarios.

Aunque lamento estar en el medio de un proceso judicial, incómodo tanto para mí como para el autor del documento que ha generado este debate, estoy convencido que mi caso debe servir, sobre todo, para abrir la discusión sobre el desequilibrio de las actuales normas de derecho de autor que permiten llegar a pensar que Compartir Puede Ser un Delito, y para que en ese marco, repensemos las particularidades del conocimiento científico y su propósito para la sociedad.

Quisiera aprovechar este espacio para hacer algunas aclaraciones teniendo en cuenta los comentarios, inquietudes y opiniones que he recibido de ustedes:

1. Sobre mi caso en concreto: La justicia considera que existen méritos para acusarme por el delito de violación de derechos patrimoniales de autor, por lo cual el proceso penal ha avanzado y ya ha empezado la fase de preparación del juicio. Durante estos meses, a través de mi abogado, he intentado, sin éxito, llegar a un acuerdo con el denunciante para ponerle fin a este incómodo proceso, pero él aparentemente está convencido de que le generé un perjuicio importante con mi acción y no le ha interesado mi oferta, la cual está de la mano con mis recursos económicos como estudiante. Para mí el camino de la negociación siempre será una opción.

2. Sobre mi acción: Quiero aclarar que el documento que compartí no lo tomé de la biblioteca de la Universidad Nacional, lugar donde se encuentra disponible al público, tampoco lo saqué de un sitio oculto o secreto. El documento que compartí ya circulaba en Internet y lo encontré en un grupo de Facebook en el que participamos interesados en el estudio de los anfibios y reptiles. Reitero que lo compartí pensando que le interesaba a otros que no hacían parte del grupo y que tampoco están en Bogotá. Lo subí a una plataforma que consideré menos cerrada e inaccesible. Sin embargo, tan pronto supe del proceso y del sentimiento del denunciante por mi acción lo retiré.

Cuando me enteré del proceso también me di cuenta de que el sitio web que usé ahora pedía, a quienes no se registraban, pagar algo para poder descargar los documentos allí alojados (el pago lo piden por tiempo de descarga y no para la descarga de documentos concretos). Eso no era así cuando yo subí el documento y nunca fui consciente del cambio que hizo la plataforma, ni tampoco recibí dinero de ella.

Lamento que mis acciones de buena fe puedan tener efectos sobre mi proyecto de vida, tan sólo porque actué en contra de las barreras al conocimiento. Me equivoqué al pensar que el conocimiento es libre. De esta penosa experiencia he aprendido que el conocimiento realmente tiene barreras invisibles, razón principal por la que ahora me comprometo con el activismo en favor del acceso abierto, por promover que los resultados de la investigación científica sean públicos y abiertos para beneficio de todos a través de políticas de acceso abierto. Si bien la ley resulta difícil de cambiar, podemos modificar la forma en que gestionamos nuestros derechos de autor (promover licencias abiertas -como Creative Commons- a través de publicaciones en revistas científicas que tengan este modelo, por ejemplo) para que coincidan con nuestras prácticas y así hacerlas indudablemente legales.

3. Sobre el denunciante: Creo que la discusión va más allá de “Diego vs. el denunciante”. Concentrar la discusión en dos personas haría invisible lo realmente importante, que en este caso son los temas de acceso al conocimiento, condiciones en páginas web, derechos patrimoniales, acceso abierto, legislación e internet, sinergias para la conservación de nuestra biodiversidad, etc. Estoy convencido de que el autor tiene el mismo derecho a pensar y actuar según sus criterios y a defender su posición, así como yo tengo el total derecho a defenderme, a explicar, exponer y actuar como lo he venido haciendo. Por esta razón, agradezco profundamente las acciones de apoyo que han manifestado todos los que se han enterado de mi caso, y espero que continúen ajenas a cualquier manifestación violenta (física o verbal) contra aquellos que defiendan otras posiciones.

4. Sobre ataques al denunciante: Con base en lo anterior no aliento a que en este debate se exacerben los ánimos contra quien me denunció. Mi invitación es a pensar como sociedad lo que estamos construyendo alrededor del derecho de autor, especialmente en el campo de la ciencia. Les pido a las personas que me apoyen que lo hagan con argumentos, con manifestaciones sobre las prácticas científicas actuales, con su indignación por la desproporcionada sanción de 4 a 8 años de cárcel y multas de millones de pesos por compartir conocimiento científico, y con identificarse con mi situación. Sin embargo, les pido que se abstengan de hacer comentarios (y menos que adelanten acciones) desobligantes o violentos contra el denunciante. Hemos recibido varios de estos comentarios en el blog de la campaña y por las redes sociales, y en lo posible los seguiremos filtrando para mantener un debate con altura y respeto. Pensando en esas actitudes fue que no quise dar a conocer la identidad del autor, pero como se trata de un caso público ya ha ido apareciendo, y por lo tanto pido respeto hacia él. En nuestra sociedad colombiana el primer deber ciudadano es el de debatir en paz.

5. Sobre el juicio y cómo pueden ayudarme: La semana pasada aplazaron la “audiencia preparatoria” lo que nos da un mayor plazo para presentar pruebas de mi inocencia. No pierdo la esperanza de negociar con el denunciante, pero no sólo depende de mí. Gracias por las ofertas para hacer cartas de apoyo desde asociaciones de ciencias, de biólogos, de estudiosos de la biodiversidad, de revistas científicas, de la comunidad de acceso abierto y otras comunidades que se han identificado con mi caso. Les agradezco que me las envíen y compartan, espero poderlas hacer llegar en físico al juez para mostrar cómo este caso había podido pasarle a cualquiera.

Reitero mi agradecimiento por su apoyo. Por favor excúsenme, intento responder a sus comentarios y explicar más por redes pero a veces estoy en trabajo de campo y puede que me demore un poco. Sé que éste será un camino largo, ¡gracias por acompañarme!

Diego Gómez
#CompartirNoEsDelito

2 pensamientos en “Sigamos diciendo #CompartirNoEsDelito

  1. Fredy

    Mientras en Canadá a una colombiana estudiante de maestría en microbiología la Universidad paga al rededor de USD$1.000 por la revisión de un artículo para que se publique con una licencia Creative Commons en http://www.frontiersin.org/ en Colombia tratamos de hechar a la carcel a un biologo que se preocupa por la biodiversidad nacional. El acceso abierto es claramente la solución pero creo que tu caso debería estar bajo el amparo de una excepción legal en el derecho de autor.

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  2. Teresita

    Es un hecho incalificable que por compartir, se juzgue de manera irracional.
    No conozco las leyes del País. Un estudiante que trata de superarse a costo de sacrificios, que llega a la instancia de encontrar respuestas y desea compartir,con sus iguales, en el estudio, es una canallada incalificable, que no pueda ejercer el derecho de compartir !!!
    No sé que DHH existen por esos lares…No se ven, ni tienen peso..!!
    Recibe nuestro apoyo y el Sr. Juez deberá atender el clamor de los estudiantes, a la instancia de COMPARTIR en libertad sin agresiones, en pleno Derecho.

    Responder

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